El efecto de las interacciones en la comunidad educativa

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Diez y treinta de la mañana. Ha sonado el timbre de fin de hora, ¡Justo a tiempo! Sara ha terminado con su agradecimiento —Nos hemos sentido muy felices que hoy las mamás nos hayan ayudado con las tareas, esperamos que vuelvan pronto.

En estas palabras se identificó un “Nos hemos…”, es decir un nosotros. Los niños hablan en plural porque desde ahora el trabajo es solidario y en equipo en el que participan ellos, su profesora, sus mamás, sus papás, sus familiares y la comunidad.

Sara, a sus siete años comprende que de esta manera el trabajo en la clase de matemática es más divertido y lo entiende mejor que antes. Sus compañeros están divididos en cinco grupos de cinco de forma heterogénea, con una actividad propuesta para desarrollarla en diez minutos. Se perciben más contentos y gustosos de compartir conocimiento. Mejor aún, con el apoyo de un adulto voluntario y la supervisión de su profesora Esther, los niños buscan culminar la consigna en el menor tiempo posible antes del bip.

Esther, al bip de su alarma y con tres palmadas, anuncia la rotación de los voluntarios a un equipo diferente y la llegada de una actividad distinta que tomará a los niños, otros diez minutos más en desarrollar.

El segundo grado “A” de primaria de la institución educativa “Montelima” lleva desarrollando grupos interactivos por casi seis meses, y en cada sesión, así como a Esther, a Sara y a todos los participantes se les va intensificando cada día ese “Brillo en los ojos”. Los grupos interactivos son una forma de organización del aula a través del cual se incrementan y diversifican las interacciones y el trabajo efectivo aplicando el modelo dialógico en el marco de Comunidades de Aprendizaje.

La educación básica en el Perú cuenta con un currículo nacional que orienta los aprendizajes que se deben garantizar como Estado y sociedad, donde se promueven las prácticas de enseñanza que garanticen la calidad en los resultados de aprendizajes. Sin embargo, en un país diverso como el nuestro, lograr calidad en los resultados implica valorar los contextos y diversas modalidades de nuestros estudiantes, la interacción que se genera entre ellos con los docentes y miembros de la comunidad, una interacción que debe ser solidaria, inclusiva y transformadora.

En este sentido, se han establecido enfoques transversales, los cuales:

“… aportan concepciones importantes sobre las personas, su relación con los demás, con el entorno y con el espacio común y se traducen en formas específicas de actuar, que constituyen valores y actitudes que tanto estudiantes, maestros y autoridades, deben esforzarse por demostrar en la dinámica diaria de la escuela. (…) De este modo, los enfoques transversales se impregnan en las competencias que se busca que los estudiantes desarrollen; orientan en todo momento el trabajo pedagógico en el aula e imprimen características a los diversos procesos educativos”. (Currículo Nacional, 2018, pág. 12)

Tres de los enfoques propuestos en el citado documento, tienen relación directa con tres de los principios del “Aprendizaje dialógico”,
evidenciados en una comunidad de aprendizaje, y que además se promueven de manera transversal en los Grupos Interactivos.

  • Orientación al bien común.
  • Enfoque inclusivo y atención a la diversidad.
  • Enfoque intercultural.
    (Enfoque del Currículo Nacional)
  • Solidaridad.
  • Igualdad de diferencias.
  • Inteligencia cultural.
    (Principios de Aprendizaje dialógico)

En una de las visitas a Esther, me percaté del entusiasmo con que había organizado su aula para ejecutar los “Grupos Interactivos”, y no pude evitar preguntarle ¿Qué es lo que te motiva a realizar esta actuación educativa de éxito? Su respuesta fue clara:

“Lo que me motivó a realizar grupos interactivos en mi aula fue el salir de la rutina pedagógica, (donde el docente trabaja sólo con sus estudiantes), es decir atreverme a aplicar nuevas estrategias, estrategias innovadoras y que ya han sido aplicadas y sus resultados son exitosos. También quise involucrar a las madres de familia en el quehacer educativo con sus hijos, ya que muchos de ellos están un poco descuidados y algunas madres no asisten continuamente a la escuela (…).

Además, querer incentivar, promover y fortalecer los valores como la amistad y la solidaridad principalmente, ya que este es uno de los principios fundamentales de Comunidades de Aprendizaje y que mis estudiantes aún necesitan afianzar, pues muchas veces son egocéntricos y no tienen empatía con sus compañeros. Además, el lograr aprendizajes significativos en todos mis estudiantes, de modo tal que todos aprendan y nadie se quede sin aprender.”

A ella, la motiva sus resultados: Ha reforzado relaciones a través de la solidaridad e inclusión, promovió la participación activa de la comunidad, y se ha percatado de que tanto padres y estudiantes valoran más su labor docente.

Al mismo tiempo, Roxana, docente de primero de primaria en la institución educativa “José Ildefonso Coloma”, desarrolla grupos interactivos una vez al mes, evidenciando que sus alumnos:

“… han mejorado sus habilidades de comunicación asertiva, el clima de convivencia y disciplina dentro y fuera del aula, ha aumentado la motivación hacia el aprendizaje (…). Los alumnos tienen otra concepción del docente respecto a su posición tradicional; es decir, la cooperación frente a la imposición, además se ha dado el primer paso de la integración del alumnado con los padres de familia en la tarea educativa.”

En ambos casos, los grupos interactivos generan interacciones transformadoras dado que fomentan la cooperación entre niños, además de facilitar una relación de aprendizaje en grupos heterogéneos en el que se puede exponer, aprender y compartir conocimientos y habilidades entre iguales. Así pues, se socializan estrategias adecuadas a la edad e incluso surgen posibilidades de aprendizaje que normalmente no imaginaríamos las personas adultas.

Todo ello a través de la participación de los voluntarios dentro del salón de clase en colaboración con el profesor o profesora, sobre la base de un diálogo igualitario, demostrando que es posible mejorar el rendimiento escolar.

Y hubo un efecto más. En el aula de Roxana, conocimos a la señora Rosa, mamá de Anghella, quien al culminar una sesión de grupos interactivos se emocionó al constatar que su hija era solidaria, participativa y atenta; faceta que desconocía pues en casa
demostraba lo contrario, según comentó. Esta experiencia le ha servido para mejorar su relación dentro del hogar.

Rosa, entusiasmada con la estrategia, ha contado su experiencia en una reunión de padres de aula, logrando que la mayoría de mamás quieran participar, motivando a la docente a asumir nuevos retos en torno al poder de las interacciones.

El siguiente paso fue invitar a las autoridades de la comunidad para que, en un aprendizaje solidario y dialógico, los niños compartan su proceso de aprendizaje con representantes influyentes de su entorno y se pueda generar creación de sentido, valoración de la inteligencia cultural en un contexto en el que todos aprenden por igual (igualdad de diferencias).

Así fue como una mañana de agosto se acercaron a la escuela los representantes de la compañía de bomberos, el centro de salud, la fiscalía, la policía y la municipalidad. Estos voluntarios recibieron las indicaciones por parte de Roxana y de Jacky, docentes de aula, respecto al trabajo que acompañarían en esta sesión.

El entusiasmo y la motivación de los niños se sintieron en cada rotación de voluntarios. El aprendizaje del día, en palabras de nuestro amigo policía:

“Hemos venido aquí para que sepan lo importante que son para nosotros y como estamos a su servicio y de toda la comunidad, su educación nos interesa a todos.”

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