Abriendo camino en los andes

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En el Perú la mayoría de los estudiantes de escuelas rurales culminan la primaria teniendo problemas en la comprensión lectora y matemáticas. Los estudiantes de las escuelas multigrado rurales corresponden al “segmento más pobre del sistema educativo y conforman el tramo más crítico de la escolarización”; esta brecha en la educación termina influyendo en su desenvolvimiento futuro.

Esto sumado a la poca vinculación entre lo que se hace en el aula y lo que viven los niños fuera de esta, contribuye a formar adultos automatizados y poco reflexivos. Los cuales se quedan en su localidad viven en condiciones que rayan la pobreza y los que migran sufren al comprobar la brecha en capacidades básicas para la supervivencia en contextos urbanos.

En pocas palabras, la escuela multigrado en estas circunstancias ha perdido su sentido. Teniendo como objetivo poder cumplir con los requisitos impuestos por el Ministerio para cumplir el año y existiendo aislada de su contexto.

En el año 2013 terminaba de titularme como ingeniero de minas. Había podido viajar por dos zonas del Perú en las cuales la ruralidad era el principal escenario donde la mina era una isla de “desarrollo y progreso”. Durante mucho tiempo creí que el sentido de mi vida era cumplir con las expectativas del sistema económico: producir, adquirir y tener mucho, para poder comenzar a ser.

Las escuelas multigrados en zonas rurales, luego de lograr mejorar sus infraestructuras en Junín, han sufrido de reducciones y reasignaciones docentes a causa de la escasez de estudiantes. Una mejora y cambio en la forma no ha sido suficiente, el fondo sigue siendo el mismo y los resultados luego de veinte años de las mismas políticas y estrategias solo ha producido una generación de egresados rurales que terminan escogiendo entre adaptarse a sus condiciones de vida en la ruralidad y/o migrar para buscar mejores opciones.

Durante un periodo de mi vida existían dos opciones, aceptar mi destino como minero y seguir un camino que opté sin ser consciente o moverme a otro lugar y comenzar otra vez con alguna profesión o trabajo. Quedarse nunca fue una opción.

Hemos recibido una educación que mira afuera buscando las respuestas, que espera la llegada de alguien con la solución a todos los problemas, que nos vuelve actores pasivos en la búsqueda del sentido que darle a la vida.

El primer cambio en mi vida fue decidir que no optaría por ninguna de las opciones, que iría buscando mi propio camino. Así que comencé a hacer muchas cosas, clown, proyectos ambientales, proyectos urbanos, intervenciones en espacios públicos, participación en organizaciones juveniles. Comencé a buscarme a través de la interacción con personas como dice Mead.

En esa búsqueda en la que muchos nos encontramos y apoyamos, en la que no estuve solo sino acompañado por otros, comencé a ver las cosas distintas; ya no era un problema las decisiones que había tomado previamente. Comencé a desarrollar la mirada de la posibilidad.

Y fue luego de esa búsqueda cuando ya estaba a mitad del camino y seguro de mi decisión, habiendo compartido con otros las mismas dudas y los mismos intentos de transformar nuestra realidad mientras nos transformamos a nosotros; que me acerqué por primera vez a la escuela multigrado de Alayo.

Para ese entonces muchos amigos habían seguido sus caminos y otros comenzaban a sumarse. Ahora que miro atrás a ese momento, la escuela me recuerda tanto a mí cuando comencé a buscar. Ahora, con este hermoso brillo en mis ojos, realizo las visitas a las escuelas multigrado con un afecto especial. Espero poder aportar para que los estudiantes puedan soñar despiertos y que trabajen para hacer lo posible para poderlos hacer realidad.

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